47 años.
Este fin de semana celebré mi 47 cumpleaños. Quiero empezar dando las gracias. Gracias a todas las personas que dedicaron unos segundos para escribirme, llamarme o simplemente acordarse de mí. Cada mensaje, cada abrazo y cada muestra de cariño hacen que un día especial lo sea todavía más. Fue un buen día. Un día sencillo, rodeado de las personas que quiero. Porque, como siempre digo y como siempre he sentido, ese sigue siendo mi mejor regalo. El tiempo compartido con quienes forman parte de mi vida vale mucho más que cualquier otra cosa.
Estas últimas semanas están siendo especialmente intensas. Mucho trabajo. Muchas reuniones. Muchas horas pensando. Muchas decisiones que tomar. Es una época de movimiento, de responsabilidad y también de mucho ruido. Hace poco alguien me dijo una frase que me hizo reflexionar: “Eres el rival a batir.” He de reconocer que, en ocasiones, esa sensación existe. Ser visible también significa estar expuesto, pero después de darle muchas vueltas he decidido no dedicar demasiado tiempo a eso. Mi cometido no es competir con nadie, nunca lo ha sido.
Prefiero seguir centrado en construir, en trabajar y en intentar aportar algo positivo allí donde pueda hacerlo. Lo demás pertenece al ruido, y el ruido, tarde o temprano, siempre termina desapareciendo. Hay proyectos que nacen casi sin darte cuenta, ideas que un día parecen como una conversación cualquiera y que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en algo mucho más grande.
Hace tiempo soñamos una experiencia diferente. Hoy esa misma idea ha evolucionado hasta el punto que ya hay quien la define como un auténtico “evento de Estado”. No voy a negar que eso me ilusiona, mucho. No por el reconocimiento en sí, sino porque confirma que merece la pena seguir creyendo en las ideas cuando todavía nadie las entiende. Confieso, también, que muchas veces he tenido ganas de hacer “¡chas!”, como dice aquella canción, de parar, de bajar el ritmo, de desaparecer durante un tiempo. Lo he pensado más veces de las que algunos imaginan, pero siempre ocurre algo, aparece una nueva ilusión, un nuevo reto, una conversación, una oportunidad para seguir construyendo y vuelvo a empezar…
Para desesperación de Merche, que lleva mucho tiempo escuchándome decir que quizá sea el momento de parar… y viendo cómo, una vez más, termino embarcándome en otra aventura. Me conoce demasiado bien y la verdad es que se lo debo, porque detrás de cada proyecto, de cada viaje, de cada reunión y de cada decisión importante siempre está ella, soportando mis horarios imposibles, mis obsesiones y esa costumbre que tengo de ilusionarme con casi todo.
Cumplir años también me sirve para eso: para detenerme unos minutos, mirar atrás y comprobar que el camino merece la pena, no por los títulos, ni por los reconocimientos, ni por los logros, sino por las personas que caminan conmigo.
A mis 47 sigo teniendo la misma curiosidad, las mismas ganas de aprender y la misma ilusión por seguir haciendo cosas que hace años parecían imposibles, no sé qué traerán los próximos meses, lo que sí sé es que pienso seguir caminando con la misma convicción que hasta ahora: intentando hacer las cosas con honestidad, disfrutando del camino y agradeciendo a todas las personas que, de una forma u otra, forman parte de él. Gracias por estar ahí.
Seguimos…
Escrito por Moisés Monroy García, celebrando un año más de vida.