Hoy hace exactamente un año mi vida cambió. Hace un año sufrí un ictus hemorrágico (el chispazo). De un momento a otro todo se detuvo y empezó una etapa completamente distinta para mí.

El ictus me dejó una lesión cerebral que me acompañará toda la vida. Como consecuencia, la parte izquierda de mi cuerpo se quedó dormida. La sensibilidad se perdió y, según los especialistas, probablemente no volverá. También afectó a la fuerza de ese lado del cuerpo, la que estoy recuperando, pero muy lentamente, mucho más despacio de lo que me gustaría o de lo que esperaba, ahora soy el medio tigre. Aun así, sigo avanzando paso a paso. La sensibilidad, en cambio, parece que la perdí para siempre, BYE. A nivel mental y psicológico, estoy perfectamente. Eso es algo que los especialistas han confirmado y que agradezco profundamente.

Este año me ha servido para muchas otras cosas, para reflexionar mucho, para aprender a controlar esos impulsos que me llevaron al chispazo, para reconducir mi vida laboral y replantearme muchas decisiones. También para conocer mejor a las personas. Para bien y para mal.

He aprendido a querer de otra manera, priorizando lo realmente importante, a valorar el tiempo, la calma y a las personas que de verdad están.

A amar a los míos y sobre todo a ella, a Merche; a amar su paciencia infinita, a amar su forma de sostenerme cuando todo parecía caerse, a amar su cariño constante, a amar su fuerza silenciosa, a amar su llanto a escondidas, a amar sus manos que siempre encuentran la salida y a su manera de estar siempre, incluso cuando no hacía falta decir nada. Este año también me ha recordado lo afortunado que soy de tenerla a mi lado.

Un año después sigo aquí, aprendiendo, avanzando y mirando hacia adelante. Quizá más despacio, pero con mucha más conciencia de lo que realmente importa. No me gusta recordar ese día, pero hoy, en mi otro cumpleaños, celebro la vida.


Publicado por Moisés Monroy García, celebrando la vida, que siempre es nueva.