A Clemente lo conocí cuando yo empezaba en el activismo del cortador de jamón. Fue en 2014. La noche en la que decidimos crear una plataforma ciudadana para defender nuestra profesión. Alguien dijo: “Hay que llamar a Clemente”. Yo ya había oído hablar de él, su nombre pesaba pero nunca me había atrevido a decirle nada personalmente. Le explicamos la propuesta. Escuchó… y se quedó dubitativo.
A la mañana siguiente me llamó y fue duro, muy duro. Me dijo que no me conocía de nada. Que no iba a estar en nada hasta ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. No regalaba su respaldo, no regalaba su nombre, no regalaba su compromiso. Ahí entendí que estaba ante una persona enorme. Un activista de verdad, como él mismo nos autodenominó más adelante, a él y a mí.
A los pocos días volvió a llamarme: “Eso que estás haciendo es justo y razonable. Estoy contigo, picha”. Así empezó nuestra amistad. Poco a poco, desde el respeto, desde la coherencia.
Tiempo después me escribió: “Hemos fundado AGACUJ y queremos ficharte”, le respondí: “explícame y vemos”. Si Clemente estaba, algo bueno había detrás y así fue. AGACUJ ha sido el proyecto más innovador de nuestro sector. Un complemento perfecto para el CORTADOR DE JAMÓN. Un espacio que defendía el producto desde la cultura, elevándolo más allá del corte, sin ser una asociación de cortadores.
Con AGACUJ creciendo y yo sin motivación en el asociacionismo tradicional, fundé ACOEX. Clemente fue de las primeras personas en las que confié para contarle el proyecto, también de los primeros en asistir a aquella asamblea que sentó muchas bases en el sector. Un lujo verlo junto a Fran Robles, Zacarías Píriz, Anselmo Pérez, Jesús González, David Lavado…
Fue la primera asamblea que apostó por la acción formativa frente a los nombramientos o peleas. Formación frente a ego.
Cuando fui directivo en la ANCJ con Pablo Montiel, nuestra relación se enfrió un poco, lo entiendo perfectamente. Pero el respeto nunca se rompió.
Siempre que puedo me escapo a Chiclana a verlo. Menos de lo que debería. Allí está, con su supermercado hasta la bandera en La Barrosa porque también allí hace las cosas bien, un loco maravilloso defendiendo el JAMÓN DE BELLOTA 100% IBÉRICO DOP LOS PEDROCHES a pie de playa, frente al pescaíto frito y las papas aliñás. Eso no es marketing. Eso es convicción.
Muchas cosas pasaron hasta que fui presidente de la ANCJ. Y siempre tuve su cariño, su respaldo y su consejo.
Desde 2011 había dejado de ser socio de la ANCJ, aunque nunca dejó de creer en el proyecto. Hasta que en 2022 volvió. Y volvió con un mensaje que me hizo reconciliarme con este mundo: “Sentía que tenía una deuda con el mundo cortador y sobre todo contigo”. Añadió, con una humildad que impresiona: “Si crees que entorpezco en el grupo o en el proyecto, no me metas”. Eso no era grandeza conmigo, era grandeza con el gremio. Adjuntó su carnet número 12, del que nunca se había desprendido. Siempre he pensado que, de alguna manera, quería volver, que no sabía cómo, que el daño existía y aun así dio el paso.
Después dejó su presidencia en AGACUJ. Aquello me provocó una pena enorme… hasta que escuché de su boca los motivos. Clemente, además de todo lo que aporta, enseña y aconseja, tiene un corazón inmenso que derrocha amor.
En siete años de directiva no habíamos otorgado el título de Maestro Cortador a nadie. A él se lo ofrecí año tras año. Hasta que me decía: “Qué pesado eres, picha”. Yo lo tenía claro. Nadie lo merecía más que él. La ironía es que los compañeros decidieron otorgármelo a mí, algo que nunca busqué ni esperaba. Estoy profundamente agradecido, pero si soy honesto, Clemente Gómez Alcántara lo merecía más que yo. Infinitamente más.
En noviembre, en el concurso de Villanueva de Córdoba, se lo dije: “Ya no te puedes negar. Es en tu pueblo, en tu territorio”. Su respuesta fue la previsible: “No te cansas nunca, picha”. Decidimos sacarlo a votación para que fuera un nombramiento de pleno honor. Que lo ratificara el órgano supremo. Y fue aprobado por unanimidad.
Hasta la ceremonia fue bonita. Con su familia arropándolo, emocionante, como pocas, sin artificios, sin guion. Muy Clemente Gómez.
Compartió su discurso con nosotros, con el grupo, y también lo más íntimo (sé que le cuesta) pero habló desde el orgullo que había sentido su hijo y su mujer por él esa tarde, creo que ese fue el mayor reconocimiento, la mayor sorpresa y la mayor de las alegrías.
Hoy es oficialmente Maestro Cortador de Jamón, pero lo era desde hace mucho tiempo.
Maestro en oficio.
Maestro en coherencia.
Maestro en valores.
Maestro en lealtad.
A mí solo me queda dar gracias a la vida por haberme puesto personas así cerca y decirle, como él tantas veces dice: Gracias, gracias, gracias.
Escrito por Moisés Monroy García, profundamente agradecido.