Este domingo celebramos en Valverde de Leganés la semifinal del XVI Campeonato de España. Una jornada intensa, de esas que dejan huella. Ganó el mejor, como suele decirse, pero lo cierto es que estuvo todo tremendamente apretado: apenas unos puntos separaron a los tres primeros clasificados. Eso habla del gran nivel que hay ahora mismo dentro del circuito. Suele protestar más el que peor trabajo hace, como si fuera a tapar su falta así.
Y aunque pueda parecer contradictorio, nunca he ocultado que a mí la competición no me entusiasma. Los concursos me ponen nervioso. Me cuesta disfrutarlos desde dentro. Siempre he intentado delegar al completo este cometido, se me nota mucho. Sin embargo, lo que sí me sigue emocionando es todo lo que ocurre alrededor: la convivencia previa, el reencontrarme con compañeros y compañeras, compartir un rato de charla, de risas y de pasión común antes de que empiece la tensión del reloj y de los puntos.
Cuando pensé en introducir una semifinal en el campeonato lo hice precisamente con esa idea de fondo: dar más oportunidades a quienes están dentro del circuito. Porque no hace tanto o demasiado, cuando entré como presidente, la ANCJ apenas contaba con siete concursos al año. Las quejas eran constantes y comprensibles: había muy pocas oportunidades de participar, de competir, de sentirse parte activa.
Trabajamos duro para aumentar el número de pruebas y así paliar aquel descontento. Y lo conseguimos. Pero también aprendí algo: este sector nuestro es profundamente inconformista. El momento bueno dura poco. Siempre habrá críticas. Hoy serán unas, mañana serán otras… y así seguirá siendo. Recuerdo especialmente que el año pasado algunos agoreros pronosticaban un desastre: que sería un mal año para la afiliación de socios, que se irían muchos por el tremendo descontento y por nuestra mala gestión.
Pues bien, puedo decirlo con la boca llena y con orgullo: no solo no ocurrió, sino que hemos cubierto con creces las mejores de las expectativas. Hemos alcanzado un récord histórico de afiliación, sin paliativos.
Así que, más allá de los puntos, de los nervios y de quién sube al podio, me quedo con lo importante: seguimos creciendo, seguimos construyendo comunidad y seguimos ofreciendo oportunidades. Porque al final, esto no va solo de competir. Va de convivir, de compartir y de seguir avanzando juntos.
Me alegra mucho de este fin de semana el reconocimiento tan bonito a mi amigo Desiderio y haber podido compartirlo con él, se lo merece todo.
Escrito por Moisés Monroy García, satisfecho con la labor realizada.